
Palermo, barrio emblemático de Buenos Aires por excelencia, sus orígenes se remontan al 1600. Eso era antes, hoy no va más. Jorge Luis Borges supo describirlo con poesía inigualable observando por la ventana desde la seguridad de su hogar. Hoy Serrano le cedió un tramo de su calle, y sólo eso. La actualidad encuentra a las características naciones centroamericanas dando rienda suelta a la modernidad al palo. La idiosincrasia no es autóctona, cuesta mucho dinero ser moderno y tomar mate. La lana gruesa, el pelo revuelto gramajo, el librito existencial sobre la mesa, unos tangos con beats, y aunque no parezca: mucho consumo, relajado, pero capitalismo con onda al fin. La artesanía industrial y el buen gusto, vamos. Como una sabrosa ensalada de Menem sazonada con pizcas de De la Rúa, un híbrido en zona tradicional de malevos, “lugar de guapos cultores del coraje”, okupada hoy por esmirriados niños que visten pastel y chocolate, que miran torcido en muecas de previo ensayo ante el espejo, que son capaces de llorar de emoción y todo. Una zona que se bautiza con orgullo cipayo Hollywood o Soho. Pronto Village, Chelsea o St. Germain, los barrios aledaños no escatiman ideas. Julio llora al ver que en su plaza no se juega una rayuela ni de casualidad, no queda lugar, estamos vendiendo onda. Jóvenes diseñadores, nuevo orgullo nacional, abnegados, estoicos, escoltas y abanderados de la causa. Me divierto pero me aburro, o viceversa, parecen decir las dulces caritas de los palermitanos. Los caserones se convirtieron en mini shoppings orquestados por arquitectos audaces. La gastronomía del sushi y secuaces derrocó sin sangre a la vista al bar de la esquina, el sanguche de pan francés de crudo y queso, el café, los borrachos de siempre, estampitas que decorarán las etiquetas o las bolsas de un sublime par de zapatos con precio de cuero de vaca loca y marciana. ¡Pobre Palermo!, sus callecitas ya no transmiten más aquel qué se yo que no se qué. ¡Pobre Palermo!, que ya no tiene nada de seco ni de enfermo, sufre la agonía de la excelente salud prepaga y los billetes amontonados en una vidriera vanguardista.
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