lunes, mayo 23, 2005

PARANOIDE

Posted by Hello
Hay un conocido razonamiento que dice así: “que sea paranoico no significa que no me estén siguiendo”. Existen infinitas teorías conspirativas en la vida diaria, hasta la vecina que baldea la vereda tempranito tiene las suyas. Se cree que detrás de toda verdad hay otra muy diferente y conveniente al poder, en definitiva, al que nos puede cagar. Sospechamos que un minúsculo grupo manipula a su antojo, y para propio beneficio, los acontecimientos mundiales vendiéndonos un hecho falso que de manera siniestra tapará el verdadero. A veces un acontecimiento de gran envergadura en realidad ocurre, lo que se tergiversa son las causas para sacar un rédito. Es negocio inventar la tapa de los diarios, también lo es desconfiar de ellas, hay billete en inventar enemigos o santificar asesinos. Si el hombre llegó a la Luna o si Jesús existió, satélites que todo lo ven y todo lo escuchan dando vueltas sobre nuestras cabezas. Creer o reventar, la moneda da vueltas en el aire y del lado que caiga alguno saldrá ganando como siempre. ¿Sabía el mono Bush que venían los aviones a cabecear las torres pero necesitaba ese ataque para justificar el saqueo de petróleo? ¿Es Bin Laden un muppet como la rana René o ? ¿Hubo en la Iglesia Católica un plan desde sus inicios para eliminar todo rastro de conocimiento que pudiera ponerla en jaque? Suenan creíbles estas cuestiones, ¿lo serán? Tal vez la CIA esté leyendo esto mismo mientras lo escribo. O pueden estar oyéndome por mi celular. Los chips, los espías, agentes secretos, herramientas para desnudar la intimidad. Ellos saben todo. ¿Quiénes son ellos? Eso es lo que no sabemos. Porque es posible que Bush, el Papa y Mickey Mouse (el más famoso de los ratones paranoicos) respondan a un supremo que mantiene su anonimato vendiendo ballenitas en Retiro, o en una esquina de Wall Street, lo mismo da. Deberíamos entonces cantar todos al ritmo de The Police (nombre conveniente si los hay) con algo de temor, por las dudas miremos para atrás:

Every Breath You Take (Cada vez que respires)
Every move you make (Cada movimiento que hagas)
Every bond you break (Cada eslabón que rompas)
Every step you take (Cada paso que des)
I'll be watching you. (Te voy a estar observando.)

Every single day (Cada uno de los días)
Every word you say (Cada palabra que digas)
Every game you play (Cada juego que juegues)
Every night you stay (Cada noche que te quedes)
I'll be watching you. (Te voy a estar observando.)

jueves, mayo 19, 2005

COMO PERDER UN AMIGO

Un perro en casa, una costumbre de muchos que no tiene demasiada conveniencia, creo. Puede que sea la necesidad de estar en contacto con la naturaleza aún en un departamento de un ambiente, ese estado salvaje que desde los genes nos negamos a perder. Macetas en rincones imposibles, y el perrito dando vueltas en un raquítico metro cuadrado. Existe una indudable cultura canina que sólo admite fanáticos, ¿cómo se entiende sino al infeliz que a las once de la noche con dos bajo cero y lloviendo espera con paciencia samurai a que Boby se decida a cortar el sorete de una puta vez (ese mismo que minará la vereda y vamos a pisar inexorablemente justo antes de entrar al edificio o subirnos al auto)? ¿Y esos que extasiados sonríen cuando su cariñosa mascota les regala una dulce lamida de cara sin plantearse demasiado por dónde habrá pasado antes esa lengua? Además de aceptar de buena gana la convivencia con el perro, es esencial humanizarlo, tratarlo como a una persona, encontrarle rasgos y gestos de homo sapiens. Por eso vemos que las veterinarias se forran de billetes vendiendo cosas tan fundamentales como: correas e indumentaria fashion, golosinas, juguetes. No es cuestión que Boby se aburra, ni tenga frío porque suponemos que todo ese pelo que pierde constantemente sobre los almohadones no le es suficiente abrigo. Es aconsejable bautizarlos con un nombre como Roberto o Ignacio, más humanos aún nos parecerán. También hay que conversar con ellos, pobres pichichos, nos miran extasiados creyendo en todo momento que nuestro debate filosófico esconde la única intención de sacarlos a dar una vuelta o llenarles el plato de comida una vez más. El perro no tiene mucho misterio, es un ser simple, básico, su vida consta de una breve serie de repeticiones y con eso es feliz. Hay defensores a ultranza de los perros que aseguran que un estridente ladrido en un reducto cerrado puede destapar los oídos. La contraindicación vendría a ser los vecinos, pero… la mayoría de ellos tienen sus propios canes aullando sin límites a todo lo que pase cerca, o no tanto, por la noche. El que osa quejarse es porque no sabe amar a los animales, maldito inhumano. Y yo digo que amo a los animales, pero no por eso tengo un tigre en el living o una foca en la bañera. ¿Cuál es la ventaja de compartir mi existencia con un ser que huele a peste, que se rasca como poseído, que mastica apasionado muebles o zapatos, que se pone cachondo y trepa piernas descarado, que da vueltas como un tiburón alrededor de la mesa atento a que caiga cualquier cosa comestible? Son compañía, dan amor, es un argumento muy trillado. Si la que lo dice es una vieja, es pura soledad. SI se trata de una pareja, falta de hijos. El mejor amigo del hombre, mal habla de nosotros que nuestro mejor amigo sea tan bobo, pero ojo que fiel, ¿no hay nada mejor que eso? La mascota más popular es un idiota que no nos traiciona, flor de mérito, ¿nadie pensó nunca que eso es propio de la falta de inteligencia, que si tuvieran algo más de capacidad la lealtad quedaría de lado? Y no acepto que me refuten aduciendo que traer un palito con la boca es genialidad, no señor.
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martes, mayo 17, 2005

¡NO, A LA DEMOCRATIZACION DEL CINE!

Ir al cine en la actualidad significa poner a prueba toda nuestra capacidad de paciencia, un examen que de pasarlo podremos considerarnos aptos para la santidad. Los tiempos cambiaron, globalización mediante, y ya nada es lo mismo. Hay hoy dos tipos de colas, una para comprar bebidas y alimentos, y la otra para ingresar a la sala. El ticket lo va a cortar un energúmeno que nos invita a disfrutar la función con la alegría de un ahorcado. Parece ser que tanto ver películas en casa ha trastornado la capacidad de concentración del espectador, por lo que es muy común oír docenas de comentarios simultáneos que pueden o no tener que ver con el film en cuestión. El pensamiento vendría a ser: si en mi casa interrumpo lo que estamos viendo para emitir una opinión que supongo válida, o al menos es lo que se me cruzó por el balero en ese momento, por qué no lo voy a hacer dentro de una sala cinematográfica. La misma lógica se aplica a los celulares. A nadie se le ocurre no atender porque haya cien personas alrededor prestando atención a una trama de suspenso, ¿y si es Choli que llama para saber si vamos a comer el sábado a lo de Beto? No sólo atender, si no también continuar la conversación como si nada, que los demás no puedan concentrase en dos cosas a la vez no es mi culpa, justifican levantando las cejas y los hombros. Los que acuden a ver una con un guión algo más complejo que Bambi y hacen agua pidiendo auxilio cada veinte segundos a su compañía creyendo ilusamente que ésta entiende algo llamado flashback. Tenemos además las hordas de adolescentes marca acné que compiten para ver quien es el más ocurrente en cada escena, jo jo jo jo, mientras degustan una enorme bandeja de basura veloz. Por lo que escuchamos, mientras que a la vez una densa lluvia de pochoclo (pop corn) semi-masticado/digerido es escupida a filas posteriores, concejos al protagonista que, pobre, duda si besar a la rubia de labios temblorosos, “Cumle lbcga, rflo” (entiéndase, “comele la boca, trolo".) Nunca falta tampoco el padre considerado que lleva a su hijo de cinco años a ver, digamos por ejemplo, “El asesino de la prostituta II”, y de mal humor le va contando el argumento al menor, que no entiende nada y preferiría mil veces estar nadando en un pelotero a contemplar la imagen del tipo con el cuchillo oxidado atravesando la cabeza de una mujer desnuda. De nada sirve la tecnología avanzada de pantalla gigante, sistema de sonido Ultra Mil Lo Parió, butacas reclinables hasta dar con la nuca en los pies del de atrás, apoya brazos con receptáculo posa botella de dos litros, si el espectador habitual retrocedió hasta convertirse en un penoso zombie que ya ni es capaz de decidir cuál es la película que quiere ver (¿gorda, cuál vemos, la del mostro verde o la de la mina esa que parece conocida?), llegan a la boletería y hacen ta-te-ti entre un centenar de posters vistosos y coloridos confeccionados a tal fin, ¿recuerdan que un continente se canjeó por espejitos?
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martes, mayo 10, 2005

ARGENTINA, UN PAIS ¿EN SERIO?


Cuando alguien aclara con énfasis una cualidad propia en realidad está declarando una carencia. “Yo soy un buen tipo”, lo más probable es que se trate de un notable cagador. Si el buen tipo en cuestión es de verdad bueno, entonces no tendrá necesidad de afirmarlo ya que eso es algo que se nota solo. Lo mismo pasa con nuestro (¿nuestro?) país que se proclama como serio. No se realmente a quién pensarán que engañan las mentes que brillan en el gobierno. Tal vez querrán inducir a algún idiota del mundo a que deje sus ahorros en Argentina, dejando de lado la reciente experiencia y haciendo más hincapié en que cada minuto nace un idiota nuevo. Puede que crean necesario un lavado de fachada aunque el resto de la casa sea un kilombo. Algo es seguro, la pedantería argentina no tiene límites, aquí más poder sólo significa cagar desde más alto. Alguna vez fuimos derechos y humanos, hoy parece que somos serios. Impunidad, voracidad, falta de memoria y/o moral, y simple pelotudez, características básicas que nos distinguen sin exclusividad. El Presidente se irrita cuando el resto del planeta, incluyéndonos, no come de su vidrio, intenta en vano enderezar la mirada como para hipnotizarnos repitiendo, con un poquito de saliva que escapa por la comisura de los labios, “somos serios, somos serios”. Los demás países no se convencen que este puterío sea muy serio (nunca lo es un puterío, por cierto), más temen por sus bolsillos traseros. Nosotros, argentinos, tampoco nos entusiasmamos en demasía, ¿o ahora serios son los que antes eran payasos? No alcanza con despintarse la cara y ocultar la nariz roja de plástico en un cajón secreto. No puede ser serio un país que recauda a mansalva y no da crédito a su gente, que cobra tasas de embarque en dólares, que crea aerolíneas fantasmas, que financia piqueteros, que trafica cocaína a través de oficiales de la ley, que manda a prisión siempre a los Nemo pero nunca un pez gordo, que nos desangra a impuestos para que lo público siga paupérrimo y los políticos de turno hagan largos en sus piletas rodeadas de pinos, que cambia todo para que nada cambie, que permite precios en euros y sueldos en pesos/patacones/lecops, que empuja a patadas a Ezeiza a los científicos que formó en universidades con el costo de todos, que incauta plazos fijos cuando los números no cierran por ineficacia o asalto, que utiliza el saqueo como herramienta desestabilizadora, que da sueldos por no trabajar creando la cultura del vago, que no posee ningún plan a futuro que incluya educación, que la salud pública es utopía, que construye por la coima y no mantiene lo construido, que deja que haya chicos comiendo tierra mientras producimos nueve veces la cantidad de alimentos necesarios para cada habitante, que todo quede en nada después de una tragedia, que congresistas suban sus dietas como premio a la (in)operancia nefasta, que aumente sus precios pegado a cualquier cosa que vaya en alta y jamás los baja aunque se desmorone el mundo, que borra de un plumazo lo que se hizo antes sin meditar si fue acierto o error, que es tan imprevisible que no podemos calcular a más plazo que una semana, que se maneja con la capacidad de un ignorante con la plata de otro, que oculta la verdad para beneficio de un puñado, que no genera empleo genuino y complica a los que lo generan, que sueña grandeza hundido en el barro. El circo llamado Argentina sigue con el show, malabaristas, magos, animales y payasos conforman la troupe, pasen y vean. Siga, siga, decía un réferi llamado Lamolina. Un país en serio, dice un pingüino del sur.
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martes, mayo 03, 2005

PUMA

La famosa marca de ropa deportiva alemana ha denunciado recientemente por piratería textil a este simpático felino que responde (cuando se le antoja) al nombre de Totito. Tras intensas negociaciones entre ambas partes en los tribunales han llegado a un acuerdo finalmente a instancias de la jueza y, a cambio de un inmenso ovillo de lana, este gatito juró no apoliyar nunca más sobre una remera blanca, o cualquier color que no sea negro. Pura ternura entre tiburones.
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