jueves, diciembre 29, 2005

AÑO VIEJO, AÑO NUEVO


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Veamos qué trae un año nuevo, ¿esperanza? Es lo último que se pierde, dicen, pero… ¿hay motivos confiables como para pensar que va a ser mejor que este que termina? Supongamos que sea una forma de seguir adelante, un ideal para no abandonar la lucha diaria, que al brindar a las 12.00.01 del año siguiente nos creamos convencidos que al compás del ruido de vidrios chocando éste va a ser un gran año, ojalá. Pero esa lógica nos induce a descartar los días que quedan hasta el primero de enero, ya no sirven más, el año próximo es el que vale, y como vale tanto hay que festejar, que se va de una vez por todas. Habrá también algunos que festejan por un gran año pasado, los felicito de corazón. De cualquier modo el traspaso de mando calendario amerita un festejo, sea agradeciendo al saliente o dándole la bienvenida al entrante, también ambos, por qué no, lo que no se puede obviar de ninguna manera es el tono festivo. ¿Cómo es que festejamos un cambio de almanaque? Hay que juntarse con familia, amigos, prender cohetes, tomar sidra y champagne a raudales, finalmente comenzar la cuenta regresiva hasta las 12 (¿cuál es el reloj oficial?, siempre hay disputas por esto.) Pero si uno no tiene ganas de ver a familiares que hábilmente esquiva durante el año, ¿por qué justo el 31 de diciembre? Compromiso, damas y caballeros, compromiso, hay que verlos porque es lo que hay que hacer y no se discuten intenciones, y tal vez de yapa podés brindar además con algún perfecto extraño que se haya inmiscuido, ¡genial! Muchos petardos, cañitas voladoras, ¡qué espectáculo!, ¿pero es necesario que haya un chico de 5 años en el medio o que se prendan a escasos metros de una estación de gas? Respuesta: alcohol indiscriminado y una buena dosis de pelotudez infaltable. Siempre hay un tío piola a mano, que después de unas cuantas copas se atreve a tapar frustraciones con pólvora, para gran alegría del pibe que pierde un ojito en su afán de ver de cerca, el fuego podrá ser todo lo artificial que quieras pero quema igual, ¿sabías? Diferentes horarios para elegir morir manejando, 21 horas del 31 (los domingueros cargados de momias conjugado con los desesperados de siempre ansiando llegar a tiempo), las 2 de la mañana del 1ro (cuando la sangre de intrépidos conductores lleva casi 100 octanos con destino incierto.) Cuando te estés sacando ese pedazo de turrón que te quedó capturado entre molares y erutando resaca frente al espejo del baño, tratá de recordar todo lo bueno que te va a deparar el año que acabás de arrancar, pésimo estado para la ilusión. Suerte a todos, sobrevivan “las fiestas” como puedan, y esperemos que el año que entra sea muy bueno, Jo Jo Jo Jo Jo Jo Jo (¿ese era Papá Noel? ¿Papá de quién si no tiene hijos, al menos reconocidos?)

sábado, diciembre 17, 2005

PASION DE MULTITUDES


El fútbol es un sentimiento, claro, una definición de tablón que no acepta refutaciones porque… ¿quién se siente capaz de contrariar con la razón a un sentimiento? ¿O nunca te enamoraste de la mina que no te convenía? El hincha verdadero es desaforado, fanático, un enfermo apasionado por los colores de una camiseta, su equipo representa mejor la idea de patria que un país, más importante que dónde nació es de qué cuadro es. Porque un hincha en la vida cambia de nacionalidad, de mujer, de religión pero nunca, ni en los peores momentos, se cambia de equipo. Nos vamos a la B, perdimos el clásico, se nos va el campeonato en la última fecha, no importa, esta campaña volveremos a estar contigo, ese es el voto de fidelidad eterna más puro que es capaz de dar un hombre, y sin papeles firmados de por medio. Podés tener suerte a la hora de ligar tu equipo de por vida, tu papá es de un equipo grande y te pasa la posta, como los que nacen en el hemisferio norte, también te puede tocar nacer en el sur pobre y subdesarrollado de los equipos chicos, o los muy chicos, lo que ya es igual a compararse con un islote bananero. Como en todo en el mundo, los grandes se aprovecharán de los chicos, las leyes no serán igual de rigurosas con ellos, dilapidarán fortunas en adquisiciones fastuosas, despojarán de sus escasas joyas a los demás hasta dejarlos desnudos, pero cuando el chico da el batacazo, ¡mamita, preparate! Porque festejar un corcho de champagne más en la opulencia, si, es divertido para cargar al vecino de la mansión de al lado, pero qué distinto es cuando hay una copa llena en la mesa de los humildes, esa que tal vez sea la única en toda la historia que te toque vivir. Y cuando no hay mucho por lo que brindar, hay que atajarse de cualquier cosa, de una goleada efímera, de un zurdito habilidoso que en un mes hace las valijas, de esquivar el descenso por enésima vez, incluso de la desgracia de tu rival, lo que sea, pero hay que meterle combustible a la pasión, aunque sea con un gotero. Desde ya que el tipo que saca chapa de hincha es aquel que va a la cancha domingo a domingo, llueve o se congele, con el sol en los ojos o solito apoyando el mentón en un para avalanchas oxidado, ese es el que tiene la autoridad moral del sacrificio, del esfuerzo y la responsabilidad por cumplir su parte del tratado básico entre futbolistas e hinchada, ustedes juegan y nosotros alentamos. Que no nos engañen los neo expertos que suman horas de televisión por cable sentados en un sillón, no escuchemos sus teorías de la techada del living, ellos carecen del saber más elemental, las medidas de la cancha no entran en una pantalla, y no es lo mismo el humo de los choris que sube hasta tu nariz angustiada por el empate que lo que tu mujer cocina en el horno. Nada se compara al merchadising del gorra, bandera y vincha. Ir acercándote al estadio y escuchar a la hinchada cantar sus himnos, o si vas a la canchita oir escaparse a través de los tablones el ritmo de los aplausos que con decoro remplazan al coro. En la popular, bajo las banderas, todos somos iguales, festejando o llorando, siempre abrazados tirando para el mismo lado, una emoción colectiva. ¡Hay que sentir la salida de tus jugadores en un partido importante! Los guerreros elegidos que librarán una batalla de 90 minutos para vos que, alambrado por medio, vas a intentar ayudarlos mediante la metafísica de cábalas diversas. Mordisqueando una uña tratás de usar el poder mental que dicen que podrías tener para se cuele al ángulo la pelota que el diez acomoda con calma mientras los tipos cada vez más altos del otro equipo forman una barrera imposible. No se explica un sentimiento, porque no hay palabras en nuestro vocabulario para dar a entender lo que se siente cuando ganás un partido inmerecido faltando sólo segundos para el final. ¿Cómo describís un golazo? ¿Una vuelta olímpica? La desazón del gol errado, de ese error de tu arquero que dejó picar la pelota para que se le meta entre las manos, los cantitos hirientes de la hinchada de enfrente cuando te van ganando. El dolor de panza, los nervios, y esos minutos que juegan con tu paciencia y siempre son eternos si estás arriba en el marcador pero se convierten en simples segundos si el que va abajo sos vos, está comprobado que en el fútbol los minutos duran lo que quieren, y si no, pregúntenle a un réferi (el mejor ejemplo que la justicia es ciega.) Sentir no es razonar, y aunque 22 tipos en pantalones cortos corriendo detrás de un balón pueden parecer ridículos para un marciano, o yanqui, para nosotros representan el juego perfecto que marca quiénes somos. Alguien dijo que hacer un gol es como un orgasmo, y si, ganar el Mundial es voltearse a la más linda, que no quepan dudas.

miércoles, diciembre 07, 2005

VIDA PORNO


Aun sigo dando vueltas mirando el sol en esta aeronave de conveniente forma geoide tan encantadora como incómoda. Una calesita descomunal que alberga unas seis mil millones de vidas revoltosas, una calesita cuyo fin es el de toda calesita, girar, sólo que esta es como si además diera vueltas alrededor de la plaza. 35 primaveras tengo encima, y más o menos unas 12.775 rotaciones. A veces me mareo, y tal vez sea la causa de mi desconcierto. No entiendo mucho qué hacemos acá, para qué estamos, entre tantas cosas. El simple y enigmático ciclo de la vida: nacer, crecer, reproducirse y morir. Sabemos la respuesta, la pregunta la debemos. Pareciera que lo único atractivo del ciclo es la reproducción, o al menos sin tanto puritanismo, el hacer como que nos reproducimos, el ejercicio en sí. Podemos afirmar que crecer es el desarrollo de nacer, introducción al mundo por excelencia, y morir su desenlace, por lo tanto, reproducirse tiene que ser el nudo. Una teoría vaga pero no tan errada. ¿Será por eso que justificamos nuestra existencia? Ya que no nos reproducimos por instinto desde que nos fue concedido un cerebro más desarrollado que nos otorgó una capacidad que nos distinguió por sobre las demás especies vivas, la razón, ¿qué nos lleva a elegir reproducirnos? ¿Cuál es el sentido de engendrar humanos? No me digan que los bebes con sus sonrisitas angelicales son el motivo porque detesto comunicarles que esos mismos niñitos de inocentes y recurrentes diarreas indefectiblemente van a convertirse en un par de décadas en los adultos idiotas que estacionan su temible camioneta en la bajada para discapacitados. No sabemos por qué tenemos que hacer más unidades de nosotros, reconozcámoslo, no tenemos ni puta idea, pero en toda la naturaleza viva es la absoluta constante, un único plan: seamos más, cueste lo que cueste. Y me arrodillo humilde ante la genialidad de la madre natura, sabemos su estrategia aunque no su fin, bien, pero por las dudas que nos rebelemos ideó una trampita. Para reproducirnos necesitamos eso a lo que se le dice sexo, ajá, ¿y saben qué?, su as en la manga resultó ser el orgasmo, el clímax (sinónimo de nudo en la narrativa, lo aclaro para que vean que soy capaz de redondear una idea.) La biología humana adhiere a aquello de tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe, es decir, de tanto que les gusta tener sexo a la larga va a surgir un embarazo, aunque sea no deseado, o ignorado, y entonces se cumple el plan, hacer más. Del polvo venimos y al polvo vamos. Recapacitemos, si las relaciones sexuales no fueran tan placenteras, ¿de todas maneras lo haríamos para preservar la especie? Cada día que pasa envenenamos con polución una vez más nuestro hábitat, bombardeamos a mansalva, o diez acumulan lo que debería ser de diez mil, ¿nos podemos creer tan responsables? Resultó ser que intercambiar fluidos entre sexos opuestos es el sentido de la vida (los del mismo sexo imitan sin sumar ni restar pero le dan sentido), el futuro del homo sapiens siempre fue pornografico y será que no habrá que esperar entonces al improbable choque de planetas para decidirse a fornicar después de todo.