

¡Lean un poco, che!









El mundo, se sabe, no es igual a los sets multicolores de los grandes estudios, los actores son humanos, tras bambalinas prenden sus cigarrillitos y escupen nicotina antes de pasar por maquillaje. Tal vez hoy, el cine under refleje mejor la realidad, como siempre, y hoy es rebelde mostrar a gente fumando mientras representan una escena, ya no lo es una línea kilométrica de cocaína ni un genital en primer plano, un simple puchito aterra el orden establecido.



Ni jugados ni piolas. La ambigüedad de la clase media, dicotomía mediante, un lugar donde una cosa puede ser una cosa o todo lo contrario, dependiendo del contexto. Un policía es un buchón cuando te fumás uno a escondidas en la plaza o cuando querés entrar a la cancha y te palpan buscando misiles que la barra brava ejecutará a su antojo un rato después. Un policía es el séptimo regimiento de caballería cuando los muchachos de cara filosa se acercan y aparece el uniforme añil. ¿En qué quedamos? El morocho es divino, si, cómo no va a serlo si me lava el auto, me vende lo riesgoso, o se moja en la moto gestionando mi jubilación, soy copado, charlo con él, le regalo algo que no me sirve, pero a mi casa a comer nunca vino, no faltará la oportunidad. Conciencia social, de lejos, mejor de La Boca para afuera. Déjenme leer mi Che Guevara edición rústica con mi cerveza guerrillera bajo la sombrilla marca cerveza top. ¡Ja, un boludo pasa en su 4x4 embarrada en los lagos de Palermo!, idiota, aventurero de pacotilla. Piquetes que interrumpen mi camino, complican todo, si por un chori y un tetra votan lo que sea. El pueblo soy yo que pago mis impuestos, que tengo un título en la UBA, que alimento la economía de la que viven los sucios de la casa de lata y los limpitos del country arbolado con esmero. Prendo la compu (¡hay 2 mensajes nuevos!), escucho un disco algo desconocido pero muy original, un pucho en envase de cartón y mi plato de comida light, no me jodan, en un rato miro un DVD y a la cama que mañana hay que madrugar a las 8:30, parece que va a hacer frío.

Miro el reloj y dice: 15:47 horas, es pleno enero, verano, la temperatura pasa los 35 grados. Por la ventana que me regala la foto mayor en la tapa del diario masivo puedo observar agua de mar que intenta alcanzar una playa donde los granos de arena fueron sustituidos por gente, es Mar del Plata, la ciudad feliz. El sol calienta insensible, rayos UV asesinos disparando a mansalva. Los blancos pronto serán rojos, los rojos serán negros, y los negros siempre serán negros dice un cincuentón horrorizado por la intromisión de cierta clase social en su distinguido balneario, nada es lo que era. Veo cuerpo contra cuerpo transpirando al unísono, no importa ya ser perfecto porque es imposible separar una piel de otra. Vacaciones de las vacaciones, ¿o es probable descansar un año laboral en un metro cuadrado? Sopla el viento del sur, y cuando se esperaría brisa marina llegan aromas a protectores solares, aceites diversos, puro olor a chivo. Tres jovencitas boca abajo esperan quemar sus traseros bien expuestos, muy cerca un padre de familia disimula una erección ojeando una revista de nada con portada sensual sobre su falda. Culos impresos, culos en vivo, culos caminando, culos flotando, eso es la imagen de playa hoy, un buen culo bronceado. El heladero hace equilibrio en puntas de pie, pisa desconfiado toallones y mantas multicolores mientras para un segundo para secarse la frente empapada aprovechando que un ingenuo abandonó su posición para intentar que una ola lo lleve lejos en su frescura. Infantes llorando a grito pelado, sonido, una conversación chillona de gerontes con sordera en ronda, más sonido, y en un segundo todos milagrosamente se callan para que llegue un rugido del mar ubicándolos geográficamente, sólo un instante de paz. Hay una rubia artificial exedida en carnes y edad que escondida bajo gigantescos anteojos espejo de marco dorado vigila a su alrededor el comportamiento humano, extraña su perro rata, envidia silueta a la hija de la pareja que habita la carpa de al lado, odia a su infame marido que dormita reposera adentro, sueña despierta nostalgia de los días en que la silbaban al pasar. La pelota golpéa una paleta y pasa entre tejos de madera, una pelota de fútbol, otra de voley, un grupito de empresarios que lavan sus pies con espuma y solucionan el país, un chico con pala en mano que construye el enésimo castillo efímero, para dar contra otra paleta que la envía con soltura al punto de origen. En un parador suena música de otras playas foráneas, todos quieren norte en el sur, caribe trucho, se mueve la juventud mirando ahora para tocar a la noche. La foto del diario que observo me devuelve puntitos de colores, seres humanos vacacionando, yo me encuentro sentado en un escritorio con aire acondicionado, trabajando. No soy feliz acá, pero tampoco quiero estar ahí, ni loco. 



Veamos qué trae un año nuevo, ¿esperanza? Es lo último que se pierde, dicen, pero… ¿hay motivos confiables como para pensar que va a ser mejor que este que termina? Supongamos que sea una forma de seguir adelante, un ideal para no abandonar la lucha diaria, que al brindar a las 12.00.01 del año siguiente nos creamos convencidos que al compás del ruido de vidrios chocando éste va a ser un gran año, ojalá. Pero esa lógica nos induce a descartar los días que quedan hasta el primero de enero, ya no sirven más, el año próximo es el que vale, y como vale tanto hay que festejar, que se va de una vez por todas. Habrá también algunos que festejan por un gran año pasado, los felicito de corazón. De cualquier modo el traspaso de mando calendario amerita un festejo, sea agradeciendo al saliente o dándole la bienvenida al entrante, también ambos, por qué no, lo que no se puede obviar de ninguna manera es el tono festivo. ¿Cómo es que festejamos un cambio de almanaque? Hay que juntarse con familia, amigos, prender cohetes, tomar sidra y champagne a raudales, finalmente comenzar la cuenta regresiva hasta las 12 (¿cuál es el reloj oficial?, siempre hay disputas por esto.) Pero si uno no tiene ganas de ver a familiares que hábilmente esquiva durante el año, ¿por qué justo el 31 de diciembre? Compromiso, damas y caballeros, compromiso, hay que verlos porque es lo que hay que hacer y no se discuten intenciones, y tal vez de yapa podés brindar además con algún perfecto extraño que se haya inmiscuido, ¡genial! Muchos petardos, cañitas voladoras, ¡qué espectáculo!, ¿pero es necesario que haya un chico de 5 años en el medio o que se prendan a escasos metros de una estación de gas? Respuesta: alcohol indiscriminado y una buena dosis de pelotudez infaltable. Siempre hay un tío piola a mano, que después de unas cuantas copas se atreve a tapar frustraciones con pólvora, para gran alegría del pibe que pierde un ojito en su afán de ver de cerca, el fuego podrá ser todo lo artificial que quieras pero quema igual, ¿sabías? Diferentes horarios para elegir morir manejando, 21 horas del 31 (los domingueros cargados de momias conjugado con los desesperados de siempre ansiando llegar a tiempo), las 2 de la mañana del 1ro (cuando la sangre de intrépidos conductores lleva casi 100 octanos con destino incierto.) Cuando te estés sacando ese pedazo de turrón que te quedó capturado entre molares y erutando resaca frente al espejo del baño, tratá de recordar todo lo bueno que te va a deparar el año que acabás de arrancar, pésimo estado para la ilusión. Suerte a todos, sobrevivan “las fiestas” como puedan, y esperemos que el año que entra sea muy bueno, Jo Jo Jo Jo Jo Jo Jo (¿ese era Papá Noel? ¿Papá de quién si no tiene hijos, al menos reconocidos?)













- El que le pone pasas de uva a las empanadas de carne es un TERRORISTA. Lo mismo se aplica para el que abusa de la pizza y le agrega ananá, o cualquier otra fruta.

