
Es verdad que no todas las esquinas tienen su semáforo y son muy necesarios, pero donde la lucecita colorada nos obliga a detenernos jamás podremos escaparnos de la banda de forajidos que de prepo nos limpian el parabrisas del auto. Ante nuestra desesperada negativa ellos hacen el muy simpático gesto de formar un círculo con el índice y el pulgar que en la simbología de la calle significa una moneda. Aunque uno diga que no, muchas veces limpian igual (mal, dejando espuma sucia en rincones incómodos) y acuden raudos antes que cambie la luz a pedir lo suyo, uno repite que no, que no les dijo que no lo hicieran, y contestan con una dignidad que le hubiera arrancado lágrimas al mismo Pocho: estoy trabajando. ¿Trabajando? Yo no voy y corto el césped de un jardín y golpeo la puerta pidiendo mi retribución, si no me equivoco para trabajar es necesario que alguien nos de un trabajo previamente. La ecuación es: necesito que hagas esto entonces te pago por hacerlo, y no: hacé lo que quieras y después cobrame. Sueno a fanático facho, y no me importa. La mafia de los semáforos, porque no creas que si te falta un mango podés ponerte a limpiar vidrios porque se te ocurre, no, vas a durar poco. Tenés que haber arreglado con el capo de la esquina, o del barrio, sea quién sea ese personaje. No hace falta más que ver la cara de los limpiadores, no hace falta más que ser mujer manejando de noche y que te rodeen, es más una apretada que un recurso laboral. Otro género es el de los famosos cuida-coches. Tipos a los que hay que abonarles un arancel caprichoso por el simple hecho de estacionar en la calle, en la calle de ellos. Claro, te cuidan el auto, de ellos mismos. No te imaginás lo creativos que pueden ser con una llave en la mano dibujando en la chapa de tu autito, bueno, no tanto, siempre hacen la típica raya de paragolpe delantero a trasero. Son ilusionistas de verdad, pobre Copperfield y su patético simulacro de Las Vegas. Situación: un recital o un partido de futbol, todas las cuadras alrededor del estadio se plagarán de nefastos cuidadores con un trapo en la mano que surgirán de debajo de las piedras. Cinco minutos después que haya comenzado el evento se esfumarán sin dejar rastro. Eso si, si algo finalmente le pasó a tu auto podés reclamar, si, a Montoto, que viene a ser el tipo paciente que atiende las quejas del sindicato de cuidadores. Si así es como se sale adelante, si esto es el trabajo, estamos muy al horno y con la temperatura al máximo.
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