sábado, diciembre 17, 2005

PASION DE MULTITUDES


El fútbol es un sentimiento, claro, una definición de tablón que no acepta refutaciones porque… ¿quién se siente capaz de contrariar con la razón a un sentimiento? ¿O nunca te enamoraste de la mina que no te convenía? El hincha verdadero es desaforado, fanático, un enfermo apasionado por los colores de una camiseta, su equipo representa mejor la idea de patria que un país, más importante que dónde nació es de qué cuadro es. Porque un hincha en la vida cambia de nacionalidad, de mujer, de religión pero nunca, ni en los peores momentos, se cambia de equipo. Nos vamos a la B, perdimos el clásico, se nos va el campeonato en la última fecha, no importa, esta campaña volveremos a estar contigo, ese es el voto de fidelidad eterna más puro que es capaz de dar un hombre, y sin papeles firmados de por medio. Podés tener suerte a la hora de ligar tu equipo de por vida, tu papá es de un equipo grande y te pasa la posta, como los que nacen en el hemisferio norte, también te puede tocar nacer en el sur pobre y subdesarrollado de los equipos chicos, o los muy chicos, lo que ya es igual a compararse con un islote bananero. Como en todo en el mundo, los grandes se aprovecharán de los chicos, las leyes no serán igual de rigurosas con ellos, dilapidarán fortunas en adquisiciones fastuosas, despojarán de sus escasas joyas a los demás hasta dejarlos desnudos, pero cuando el chico da el batacazo, ¡mamita, preparate! Porque festejar un corcho de champagne más en la opulencia, si, es divertido para cargar al vecino de la mansión de al lado, pero qué distinto es cuando hay una copa llena en la mesa de los humildes, esa que tal vez sea la única en toda la historia que te toque vivir. Y cuando no hay mucho por lo que brindar, hay que atajarse de cualquier cosa, de una goleada efímera, de un zurdito habilidoso que en un mes hace las valijas, de esquivar el descenso por enésima vez, incluso de la desgracia de tu rival, lo que sea, pero hay que meterle combustible a la pasión, aunque sea con un gotero. Desde ya que el tipo que saca chapa de hincha es aquel que va a la cancha domingo a domingo, llueve o se congele, con el sol en los ojos o solito apoyando el mentón en un para avalanchas oxidado, ese es el que tiene la autoridad moral del sacrificio, del esfuerzo y la responsabilidad por cumplir su parte del tratado básico entre futbolistas e hinchada, ustedes juegan y nosotros alentamos. Que no nos engañen los neo expertos que suman horas de televisión por cable sentados en un sillón, no escuchemos sus teorías de la techada del living, ellos carecen del saber más elemental, las medidas de la cancha no entran en una pantalla, y no es lo mismo el humo de los choris que sube hasta tu nariz angustiada por el empate que lo que tu mujer cocina en el horno. Nada se compara al merchadising del gorra, bandera y vincha. Ir acercándote al estadio y escuchar a la hinchada cantar sus himnos, o si vas a la canchita oir escaparse a través de los tablones el ritmo de los aplausos que con decoro remplazan al coro. En la popular, bajo las banderas, todos somos iguales, festejando o llorando, siempre abrazados tirando para el mismo lado, una emoción colectiva. ¡Hay que sentir la salida de tus jugadores en un partido importante! Los guerreros elegidos que librarán una batalla de 90 minutos para vos que, alambrado por medio, vas a intentar ayudarlos mediante la metafísica de cábalas diversas. Mordisqueando una uña tratás de usar el poder mental que dicen que podrías tener para se cuele al ángulo la pelota que el diez acomoda con calma mientras los tipos cada vez más altos del otro equipo forman una barrera imposible. No se explica un sentimiento, porque no hay palabras en nuestro vocabulario para dar a entender lo que se siente cuando ganás un partido inmerecido faltando sólo segundos para el final. ¿Cómo describís un golazo? ¿Una vuelta olímpica? La desazón del gol errado, de ese error de tu arquero que dejó picar la pelota para que se le meta entre las manos, los cantitos hirientes de la hinchada de enfrente cuando te van ganando. El dolor de panza, los nervios, y esos minutos que juegan con tu paciencia y siempre son eternos si estás arriba en el marcador pero se convierten en simples segundos si el que va abajo sos vos, está comprobado que en el fútbol los minutos duran lo que quieren, y si no, pregúntenle a un réferi (el mejor ejemplo que la justicia es ciega.) Sentir no es razonar, y aunque 22 tipos en pantalones cortos corriendo detrás de un balón pueden parecer ridículos para un marciano, o yanqui, para nosotros representan el juego perfecto que marca quiénes somos. Alguien dijo que hacer un gol es como un orgasmo, y si, ganar el Mundial es voltearse a la más linda, que no quepan dudas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

no podes haber expresado ese sentimiento de la mejor manera. me encantaron los ejemplos y las metaforas. brillante
calificación 5 dingos