
Por plata somos capaces de todo. Te podés comer un pedazo, trabajar 25 horas seguidas, matar o morir en el intento, hacerle de psicólogo a tu jefe, todo vale si se paga, todo para ganar unos pesitos. Orgullo, honor, vergüenza, códigos, son simples bienes de cambio, moneditas, valores económicos negociables por aquellos valores que otrora supimos… ¿valorar? La alquimia era mucho más sencilla de lo que se creyó inútilmente por tanto tiempo, si parece que con darle un par de pincelazos de pintura dorada a un montón de mierda lo que obtenemos son relucientes lingotes de oro. Te juro que si es así, te doy mi palabra, pero si aparece alguien con un sobre jugoso en el medio tal vez me olvide un poco que te la di. Si tengo más billetes que vos, valgo más que vos, y si valgo más entonces soy mejor, no hay méritos y no importa tampoco, el juicio es unánime y no admite discusión. Correte ser inferior que vengo en cuero manejando mi super bólido, el LCD a pleno transmitiendo en potente 5.1 un recital unplugged de Los Leales, ¿y qué?, tengo plata, todo se me perdona. Lo que en un pobre es mal gusto en un rico es exentricismo, análisis de un asqueroso subjetivismo pero real como el perro roedor que luce en la pantalla tibia la estrella fugaz de hace un segundo. Una cuenta corriente con ceros en exceso, ¡qué tipo interesante! Mirá la mansión que tiene ese, la pileta parace una cancha de fútbol, ¡qué muchacho intenso! Todo te queda bien, la crítica se endulza como un diabético terminal, es muy bueno ser millonario, más lindo, alto, musculoso, todo bien mi fenicio amigo, muy bien. ¿Y qué sos capaz de hacer por vivir la vida loca como manda el jet set? ¿Cuánto te dan por el riñón de tu vieja en el mercado?
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