martes, enero 30, 2007

VINO A MENDOZA


Ayer volvimos de Mendoza, largo viaje por el gran país de la nada para ver por la ventanilla cuando vas en auto. En 8 días allá si vi cosas, montañas, muchas montañas de todos los colores y alturas, hasta el Aconcagua vi, y ríos con agua y muchos secos como piletas (piscinas, perdón mendocinos) vacías. Es extraño cruzar un puente y que por abajo pase… tierra, y no una vez, todas. Nevó en el monumento del Cristo Redentor, a 3.850 metros sobre el nivel del mar no se te puede caer una idea, el viento helado se lleva todo lejos, no tanto, a Chile nomás. Al final encontramos el Puente de Inca, lo habíamos pasado de largo, una tendencia muy 2007 en nosotros, para ir a cualquier lado hay que dar muchas vueltas hasta localizar el sitio, no menciono las puteadas internas que esto causa por respeto a la intimidad. El efecto de la altura me afectó, y es verdad la pelota no dobla, y la pelota era yo con palpitaciones y sin aire, todos andaban como en fast forward en un DVD ecológico, pero la vida da revancha y a todos los escaladores con sus gigantescas mochilas a cuestas los pasé a 120 mientras hacían dedo, ¿quién es el que ríe último, eh? De tanta maravilla natural lo que más me sorprendió fue un zorro cruzando la ruta, ¿cuántas son las posibilidades en la vida que te cruces un zorro y te mire?, no se, pero a mí me dejó impactado, y debe ser que soy bicho de ciudad. Lindos paisajes, muy bonitos ellos, también las bodegas y todo el vino. Aprendimos mucho de vino, de uvas, varietales, barricas, cosechas, prensas, mosto, roble francés o americano, estiba, cavas, fermentación, cortes, boutiques, malbec, semillón, por suerte hay gente copada que todavía se da el lujo de enseñar a neófitos y no considera perder el tiempo, es una inversión piensan, y yo les agradezco de corazón. Ahora cuando gaste fortunas en vinos reserva me voy a acordar de todos. Otra cosa, se los digo a ustedes señores que viven del turismo en Argentina, pónganse a laburar, hagan, abandonen la siesta por estos meses, y por una puta vez sean realistas a la hora de cobrar. Si hay una playa, una montaña, un cerro o un río, no es gracias a ustedes, y porque construyan (y me quedan gigante la palabra) un hotel de morondanga no se transforma en un Hyatt nada más que por el precio que se les antoja facturar y sin tarjeta de crédito, hay que dar servicio para cobrarlo. Muy especialmente va esto para el viejo de General Alvear y sus 2 estrellas igual de mentirosas que las que puso Gilnasia de La Plata en su camiseta, usted y yo sabemos bien que aire acondicionado es otra cosa y déjeme de joder con las interpretaciones. Ah, y el hotel de Villavicencio que vemos en las botellas de agua mineral está cerrado desde 1978, una pena que nadie tenga un gramo de cerebro y ganas de reacondicionarlo, no pude evitar pensar que el fantasma de un Jack Torrance local me iba a abrir la puerta para invitarme a tomar un tinto, pero no, terminé comprando en un modesto restaurante aledaño el alfajor de maicena más caro y con menos dulce de leche de toda mi existencia, tan seco como el río Mendoza. Y hablando de Mendoza, pero de la ciudad, no es limpia, repito no es limpia, es una mugre, otro mito que se esfuma. No se por qué, pero cuando te despedís de la gente, muy macanuda en general, siempre te tiran un “suerte”, costumbres cuyanas. Suerte.

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