

En Argentina, país de una fauna generosa, existe una peligrosa especie de depredadores que, como tiburones nadando en un inodoro, se hacen un festín de cuanto bobo caiga cerca de sus fauces. Ante la ausencia de un nombre científico y la ignorancia del latín como para bautizar a antojo, aquí los denominaremos: garkas. El garka no conoce de códigos aunque si de leyes (para trampearlas), y como los hamsters puede devorarse hasta a su propia familia llegado el caso. El garka es un hábil cazador que hace del camuflaje su arma letal. Puede aparecerse con cara de inocente, con sotana, con una banda presidencial, como salvador o sanador, con botines o dándote un abrazo. Lo más importante de saber es que el garka pone toda su capacidad para ser creíble, excelente actor del teatro sin butacas que es la vida, llega incluso a convencerse de lo que dice, cosa que le proporciona una reconfortante tranquilidad de conciencia a la hora de pegar la oreja en la almohada. Un maestro en el arte de la desaparición, puede un segundo estar firmando con vos un documento y al siguiente hacerse humo sin dejar rastro alguno. El garka no tiene bigotes finitos y se ríe con una carcajada maléfica, no, el garka te paga el trago escuchando tus penas en un bar mientras recuerda el sexo salvaje que tuvo con tu mujer unas pocas horas antes. El garka aparece como generoso, cómplice, aliado, te da la mano y de refilón te observa el bolsillo, y nunca le pidas nada, porque si te hace un favor el próximo paso es navegar en sus jugos gástricos. Los garkas son pacientes, saben cuándo ejecutar a su presa, la dejan aproximarse, la acarician, y para cuando la sacudieron, la presa todavía tiene dibujada una sonrisa en su cabeza colgante. Para un garka el alimento son los incautos, pero el manjar son los demás garkas. El combate entre garkas es un espectáculo inigualable en el reino animal, sutiles, disfrutan al máximo despojar a uno de su misma especie, se regodean. Un garka no necesariamente abusa de su condición por necesidad, el garka lo hace porque es su esencia, un auténtico garka es aquel capaz de dejar en la calle a una pareja de ancianos y con ese dinero pagar el mantenimiento de su extenso jardín en un prestigioso country con nombre de estancia de campo. Cualquier inútil con pretensiones puede ser candidato para convertirse en garka, pero no es suficiente, para ser garka hay que dejar los escrúpulos, la moral, la ética, el amor, y todas esas pavadas de lado, para ser garka hay que nacer garka, el garka no se hace, se perfecciona, pero es genético, aun cuando haya vivido muchos años sin cometer una fechoría, en sus venas latía la sangre diferente. El perfecto garka es aquel que desde las penumbras manipula a otros garkas para que actúen en su nombre sin que nadie conozca nunca su identidad, ese garka puede ser tu hermano o tu amigo del alma, o peor, podés ser vos mismo.
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