sábado, septiembre 10, 2005

QUIERO LO QUE ESTA DE MODA, ¡YA!


¿Por qué alguien puede ser tan ingenuo de decir que sólo sigue los caprichos de la moda? ¿Qué cosa es la moda como para ser caprichosa? ¿No será que los caprichosos son los individuos detrás de esa gran industria que es la moda? ¿No será que esos caprichos obedecen a un plan sistemático por el cual hay que cambiar cortes y colores año tras año para obligar a comprar lo nuevo y dejar de lado lo viejo? Digamos que los generadores de moda han ganado la batalla y sólo se sientan a pergeñar nuevas formas de explotar a sus esclavos voluntarios, como si el mundo fuera un gran campo de concentración siguiendo sus órdenes bajo pena de muerte, o lo que es lo mismo, no estar a la moda. Porque de eso se trata, de la inclusión, de no quedar afuera cueste lo que cueste. Si hace una década usar prendas de color marrón se consideraba un suicidio fashion, inventemos el color “chocolate” y asunto terminado. Un centímetro para abajo o al costado, la gran nueva ola. Un botón arriba, un cuello corto, combinemos colores que jamás se utilizaron juntos y voilá, la temporada primavera-verano solucionada. Si me quedo sin ideas vuelvo con algo que se usaba 20 años atrás (¡volvieron los 80s!) y nadie guarda en su ropero como la gran cosa. Los cambios deben ser drásticos aunque no lo suficientemente traumáticos como para no asustar pero si obligar. Todos copian, y la personalidad es una, la que se estila, el gusto es de los otros, por incómodo que resulte. El capricho es empecinarse en obtener algo aunque no tenga razón de ser, la moda calza dentro de esta definición, pero no como lo haría un niño de 3 años, sino como lo haría un imbécil bien crecido que no soporta no formar parte de una congregación de imbéciles que adopta un código distintivo para diferenciarse del resto de las congregaciones de imbéciles con menos recursos o con caprichos diferentes. Y recordar que aunque a la mona la vistan de seda, mona queda.

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